domingo, 22 de noviembre de 2009

Dia laboral


Me perturban tus ojos que me observan desde la oscuridad. Tu respiración agitada acaricia mi piel fría. Desde este rincón puedo ver la luna brillar, es tan grande y tan perfecta. Vuelves a decir mi nombre. Sigo mirando la luna tratando de entender como llegue a este lugar. Tus manos toman mis manos. Tus labios secos se humedecen con los míos. Te miro la cara. Te miro la boca. Te miro y te vuelvo a mirar. Trato de encontrarme en tus poros, pero no, yo no estoy ahí. Me sonreís y me da miedo. Tengo ganas de llorar. Tengo ganas de estar en cualquier lugar menos en tus brazos. Tus labios empiezan a largar una lista de palabras que me rebotan en la cabeza, no entiendo…son como flechas que se clavan en mi. Vuelves a besarme. Vuelves a decir mi nombre una y otra vez. Miro la luna que se aleja del cuadro de la ventana. Podría salir corriendo y refugiarme en la noche, camuflarme con los pobres mendigos de la cuadra, o solo correr. Correr. Correr y no parar hasta encontrar una mirada de sinceridad. Sin embargo recordé porque termine aquí. Veo el dinero que pones en mis manos y dices: “completo, nenita….bueno lo de siempre”. Ya no veo la Luna. Cierro los ojos y trato de pensar que falta poco para que termine mi día laboral.

4/04/07.

Pato Avendaño.

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